Biblioteca:Problemas de la lógica dialéctica/La lógica dialéctica y las formas del pensamiento
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El problema de la interrelación de las formas y del contenido del pensamiento se convierte en objeto de una investigación específica de carácter lógico-filosófico, con el idealismo clásico alemán. Con anterioridad al surgimiento de esta corriente filosófica, el empirismo y el racionalismo modernos fueron incapaces de ofrecer una respuesta fundamentada de esa interreación. Así, por ejemplo, la idea sustentada por el sensualismo de los siglos XVII y XVIII, de que todo el contenido del pensamiento tenía un origen y un carácter puramente empíricos, impidió ofrecer una respuesta convincente acerca del contenido teórico del conocimiento humano. Por su parte, las concepciones racionalistas de la época intentaron explicar el contenido necesario y universal del pensamiento teórico, apoyándose en supuestos idealistas y religiosos, a saber, las ideas innatas y las verdades de razón, cuyo origen se concebía al margen de toda experiencia.
Así pues, la filosofía kantiana se enfrenta al problema de superar estas concepciones unilaterales, que conducían al agnosticismo y al escepticismo, en unos casos, y al dogmatismo oscurantista, en otros. La tarea que se propone Kant consiste, pues, en demostrar cómo es posible un contenido objetivo, necesario y universalmente válido del pensamiento teórico humano, sin renunciar a la idea del origen empírico del conocimiento.
La solución que brinda el kantismo a este problema consistió en diferenciar el contenido del pensamiento, condicionado por la experiencia sensible del individuo, de las formas del pensamiento, que según Kant, tienen un carácter apriorístico, aunque actúan en la experiencia, permitiendo la síntesis y la reelaboración de los datos sensibles, y dando lugar con ello a la formación de nuevos conocimientos. De esta manera, Kant consideraba que las formas del pensamiento y su estructura categorial no estaban determinadas por la experiencia sensible, sino que eran el resultado de una estructura genérica de la conciencia humana (conciencia trascendental). Esta solución permitió a Kant argumentar el carácter «objetivo» de las formas del pensamiento, apelando a su carácter necesario y universalmente válido en tanto formas estables de la conciencia humana general. Esta concepción apriorística e inmutable de las formas genéricas del pensamiento, esencialmente diferentes y ajenas a su contenido, fue criticada por Hegel, quien se opuso no solo a este divorcio entre forma y contenido en el pensamiento, sino también a la interpretación subjetivista de su estructura categorial. En este sentido Hegel da un importante paso al concebir el carácter objetivo y dinámico de las formas del pensamiento, que entonces dejan de ser simples formas externas que se vinculan metafísicamente a un contenido amorfo o «materia». A partir del principio de la identidad del ser y el pensar, Hegel plantea que la coincidencia de las formas y el contenido del pensamiento con la realidad objetiva se demuestra a través de toda la historia del conocimiento. No obstante, el fundamento idealista objetivo de la concepción hegeliana de la unidad de las formas y el contenido del pensamiento con el ser, conduce a que esta unidad se convierta en una identidad absoluta, en la qu e se pierde la diferencia esencial entre la realidad material y el pensamiento ideal.
El materialismo dialéctico parte, en cambio, de la tesis científica de que el pensamiento refleja al mundo objetivo tanto por su contenido como por su forma. El contenido del pensamiento es, entonces, concebido como el resultado del reflejo de los fenómenos naturales y sociales en el conjunto de la cultura espiritual humana, esto es, la asimilación espiritual de la realidad por el sujeto social en el curso de su actividad práctico-social. Por lo tanto, en el contenido del pensamiento se expresa todo el conjunto de las determinaciones necesarias y esenciales de la realidad. Los nexos y relaciones objetivas se transforman, bajo determinadas condiciones, en estructuras lógicas, es decir, en formas a través de las cuales se manifiesta el pensamiento como una actividad teórica específica del sujeto social.
Ahora bien, la diferencia que existe entre las formas del pensamiento y su contenido carece de una significación esencial cuando se establece una relación entre el pensamiento y la realidad. Sin embargo, dentro de los propios marcos del pensamiento humano, esta diferencia posee una importancia crucial, ya que permite delimitar un aspecto del pensamiento del otro. La distinción de la forma y del contenido del pensamiento es una distinción funcional, que hace posible discriminar la función específica de las formas del pensamiento en el proceso del conocimiento. La separación de las formas lógicas respecto al contenido del pensamiento es el resultado de un largo proceso que condujo a la aparición de ciertas figuras o esquemas. Estas formas son el producto de la reiteración de ciertos nexos y relaciones que son constantes en diferentes situaciones cognoscitivas concretas. Estos parámetros invariables de la actividad pensante, se fijan en el pensamiento humano y actúan como un resultado ya elaborado, que se transmite de generación en generación a través de la cultura y del lenguaje, y constituyen la expresión de la actividad multifacética del sujeto social con el objeto.
La transformación de las determinaciones necesarias y universales de la realidad en figuras de la lógica, es un proceso eminentemente social. Quiere esto decir que las regularidades y nexos universales de la realidad se convierten en formas lógicas, esto es, en categorías, conceptos, juicios y razonamientos, en la misma medida en que actúan como formas de la actividad práctico-social y del conocimiento del sujeto social. De este modo, la estructura categorial del pensamiento humano expresa los niveles del desarrollo de la práctica social, que incide directamente en el desarrollo del conocimiento. En la medida en que el conocimiento se desarrolla, el contenido del pensamiento se hace más rico, profundo y concreto, y ello influye de modo determinante en sus formas lógicas, que adoptan una estructura cada vez más compleja.
Independientemente de que la lógica dialéctica marxista establece que el fundamento y la causa del surgimiento y desarrollo de las formas lógicas se encuentra en la práctica social, es decir, en la actividad objetiva de los hombres, ellas constituyen una estructura específica del pensamiento humano. En este sentido, se trata de formas eminentemente subjetivas en las que actúan las leyes lógicas. Esto significa que no puede establecerse una identificación inmediata entre las leyes de la actividad práctico-social y las leyes lógicas. Por esta razón, cuando Lenin subraya el valor de la tesis hegeliana de que las formas y leyes lógicas no son una cáscara vacía, sino que expresan de una manera peculiar la objetividad de las leyes de la actividad social, no por ello desconoce la subjetividad de lo lógico.
En Hegel se establece una identidad absoluta entre las formas del ser y las formas del pensar, reduciéndose la estructura del ser a la estructura del pensar. Pero el pensamiento tiene para Hegel una existencia objetiva, esto explica que para este pensador el problema de la especificidad de lo lógico no se manifiesta en toda su riqueza. Por el contrario, en la concepción kantiana se absolutiza el carácter subjetivo de las formas lógicas, al ser interpretadas como formas apriorísticas que no tienen relación alguna con el mundo material objetivo y con el contenido del pensamiento. La interpretación marxista-leninista de las formas lógicas se diferencia por igual del objetivismo hegeliano y del subjetivismo kantiano, porque sin desconocer el fundamento objetivo de las leyes lógicas, admite la especificidad subjetiva de su forma de existencia. A su vez, el carácter subjetivo de lo lógico no significa reducir la estructura lógica del pensamiento a una estructura formalista y apriorística o a elementos lingüísticos y psíquicos, que nada tienen que ver con la realidad objetiva. Por eso la lógica dialéctica marxista insiste en el fundamento objetivo de las leyes lógicas. Este fundamento objetivo son las relaciones y nexos de la realidad objetiva, de las que el hombre se apropia en el curso de su actividad práctico-social. Semejante punto de vista permite desentrañar la esencia verdadera de las formas y leyes, y explicar el proceso de su formación y desarrollo.
Aun cuando el marxismo rechaza la tesis de que las formas lógicas subjetivas de pensamiento se reducen a las formas lingüísticas, no por ello desconoce que el lenguaje constituye la forma externa más inmediata de manifestarse el pensamiento. En cambio, las posiciones de la filosofía lingüística contemporánea, que reducen el estudio de las formas lógicas a las proposiciones lingüísticas, desconocen la diferencia esencial que existe entre el objeto del lenguaje y el objeto de la lógica, así como la unidad de dialéctica que se establece entre pensamiento y lenguaje. Si el pensamiento es imposible sin el lenguaje, a su vez, el lenguaje es posible en la misma medida en que en él se expresa el pensamiento. Esta unidad dialéctica se capta a través de las categorías de forma y contenido, de lo externo y lo interno. Así, el lenguaje constituye la forma externa en que se expresa el pensamiento, y este es el contenido interno o «sustancia» del lenguaje. Esto significa que es imprescindible establecer claramente la diferencia que existe entre las reglas gramaticales y las leyes lógicas, porque el estudio de las reglas del lenguaje no permite en modo alguno conocer su «sustancia» (el lenguaje).
La relación entre lenguaje y pensamiento tiene una significación primordial para la lógica en general y para la lógica dialéctica en particular. Si las reglas gramaticales son necesarias para expresar el pensamiento, no son, en cambio, suficientes para comprender la esencia del pensamiento, que son las formas y nexos lógicos en los que actúan las leyes lógicas.
El lenguaje constituye un sistema de signos y símbolos en el que cristaliza la actividad cognoscitiva del hombre, al igual que en los instrumentos de producción se materializa la actividad práctica humana. Es necesario distinguir estrictamente entre la actividad cognoscitiva y el lenguaje, en la misma forma que se delimita entre la actividad práctico-material y los instrumentos de trabajo. Sin el pensamiento, los objetos lingüísticos no adquieren la función de lenguaje y devienen un simple cúmulo de signos carentes de significado y de sentido.
Por su parte, las formas del pensamiento constituyen los elementos subjetivos en los que se expresa la estructuración y el movimiento del pensamiento. La subjetividad de las formas del pensamiento (conceptos, juicios y razonamientos) y de las leyes lógicas que se expresan en esas formas (las leyes lógico-formales o las leyes lógico-dialécticas), consiste en que ellas son específicas del pensamiento humano. Esto significa que las formas y leyes lógicas no existen directamente en la realidad ni pueden aplicarse de inmediato a ella, aun cuando su fundamento se encuentra en la actividad práctico-material.
En este sentido Lenin señala: «Para Hegel la acción, la práctica , es un "silogismo lógico", una figura lógica . ¡Y eso es verdad! No, por supuesto, en el sentido de que la figura lógica tenga su otro ser en la práctica del hombre ( = idealismo absoluto), sino a la inversa: la práctica del hombre, que se repite cien millones de veces, se consolida en la conciencia del hombre por medio de las figuras de la lógica. Precisamente (y solo) debido a esta repetición de cien millones de veces, estas figuras tienen la estabilidad de un prejuicio, un carácter axiomático.»[1]
A su vez estas formas y leyes lógicas del pensamiento constituyen los medios a través de los cuales el hombre refleja y conoce la realidad. Sin la presencia de esta estructura lógica del pensamiento es imposible explicar el proceso del conocimiento humano. De ahí que Lenin escriba:
«La Lógica es la ciencia del conocimiento. Es la Teoría del conocimiento. El conocimiento es el reflejo de la naturaleza por el hombre. Pero no es un reflejo simple, inmediato, completo, sino el proceso de una serie de abstracciones, la formación y desarrollo de conceptos, leyes, etcétera, y estos conceptos, leyes, etc. (pensamiento, ciencia = "la Idea lógica" ) abarcan condicional, aproximadamente, el carácter universal, regido por leyes de la naturaleza en eterno desarrollo y movimiento. Aquí existen en realidad, objetivamente, TRES miembros :1) la naturaleza; 2) el conocimiento humano = el CEREBRO humano (como el producto más elevado de esa misma naturaleza) y 3) la forma de reflejo de la naturaleza en el conocimiento humano, y esta forma consiste precisamente en conceptos, leyes, categorías, etc. El hombre no puede captar = reflejar = reproducir la naturaleza como un todo, en su totalidad, su " totalidad inmediata"; solo puede acercarse eternamente a ello, creando abstracciones, conceptos, leyes, una imagen científica del mundo, etc., etcétera.»[2]
De esta suerte, las formas y leyes lógicas son el resultado de la actividad del pensamiento humano, es decir, del reflejo activo y creador de la realidad circundante. Esto explica la naturaleza específica de lo lógico, su carácter objetivo-subjetivo. De ahí se deriva que la reducción de lo lógico a lo objetivo, su ontologización, así como la reducción de lo lógico a lo subietivo, su interpretación subjetivista, apriorística, formalista-lingüística o psicologizante, constituyen formas de tergiversación de su verdadera esencia irreductible.
Por esta razón, puede afirmarse que, por ejemplo, la ley de identidad o la ley del tercero excluído, no pueden aplicarse directamente al lenguaje puro ni a las cosas significadas o denotadas en el lenguaje, aunque las leyes lógicas se extraen de la realidad, o más exactamente, del proceso activo de la transformación práctico-material de la realidad por el hombre. El hecho de que existan relaciones necesarias y universales entre los fenómenos de la realidad, permite que en el pensamiento humano, a lo largo de la historia de la práctica social y del conocimiento humano, se vayan fijando estas relaciones objetivas en nexos y formas lógicas. De este modo, las leyes lógicas se aplican directamente en las formas del pensamiento humano y constituyen a la vez el contenido lógico objetivo del pensamiento. En este sentido, las leyes lógicas coinciden con las leyes del pensamiento y se expresan en las estructuras del lenguaje.
Por eso, la tendencia de la filosofía lingüística de reducir la lógica a una rama de la lingüística y de reducir su objeto de estudio a las relaciones de los objetos lingüísticos (términos y proposiciones), constituye una manera de deformar la esencia del pensamiento y de sus relaciones con el lenguaje. La distinción entre las leyes lógicas y las leyes de la actividad práctico-material, por un lado, y las leyes o reglas gramaticales y lingüísticas, por otro, constituye el requisito de la comprensión de la especificidad de las formas y leyes del pensamiento humano.
Para comprender en toda su dimensión la especificidad de las formas del pensamiento es preciso, como indican Kumpf y Orudzhev,[3] detenerse en los conceptos de significado y sentido de los signos lingüísticos. En su obra, estos autores fundamentan el proceso de la formación de las formas del pensamiento a partir de las tesis siguientes: Los objetos lingüísticos son portadores de significado y de sentido; y es justamente el significado y el sentido lo que transforma a los signos y símbolos en objetos lingüísticos. Los signos lingüísticos tienen la capacidad de representar los objetos y las relaciones entre objetos. Esta función de representar un determinado objeto o referente objetivo se denomina en la lógica función de denotación o de significado. Ahora bien, el significado del lenguaje es un resultado histórico, ya que antes de la existencia del lenguaje existían imágenes sensibles cargadas de significado. Pero una vez que aparece el lenguaje, las imágenes y representaciones sensibles median el nexo entre los objetos lingüísticos y los objetos reales. De este modo, el significado constituye la relación de la palabra con los referentes objetivos, mediada por las representaciones sensibles. Cuando aparece el lenguaje, las representaciones e imágenes sensibles adquieren una función significadora, en virtud de que la palabra no puede ser significada directamente por ningún objeto del mundo exterior, al margen de la imagen sensible. Esto explica que la imagen sensible se convierta en la significación inmediata de la palabra. Así se forman en la conciencia humana representaciones de representaciones.
Con el desarrollo de la práctica y del conocimiento humano, «las representaciones imágenes» dan lugar progresivamente a la formación de «representaciones esquemas», que indican la transformación de las imágenes sensibles en formas lógicas, gracias al desarrollo de operaciones como la abstracción y la generalización. El juicio constituye la primera forma o la forma más simple del pensamiento de nivel cotidiano, porque la formación de los esquemas presupone la aparición de los juicios como resultado de vincular una representación con otra. De esta forma se vincula un signo, que significa una representación, con otro signo a partir de un tercero, que son las «constantes lógicas». Esto quiere decir que con el desarrollo del lenguaje aparecen determinados objetos lingüísticos que no representan a los objetos mismos, sino sus características generales y sus relaciones necesarias. Tal es el caso de objetos lingüísticos como «todos», «algunos», «ninguno», «es», «no es», «y», «si . . . entonces», etc . La correlación de signos adquiere nuevas cualidades al aparecer las constantes lógicas, en virtud de que se crea la posibilidad de establecer relaciones de necesidad, identidad y diferencia entre los objetos y fenómenos.
De este modo, según Kumpf y Orudzhev, el juicio constituye el primer esquema lógico del pensamiento de nivel cotidiano. La estructura de este esquema o forma lógica es la siguiente: «P es Q», donde P y Q constituyen signos-representaciones, es decir, palabras que representan imágenes sensibles y que, por lo tanto, poseen significado, y donde la constante lógica «es» permite establecer una relación necesaria entre dos significados.
Si las primeras operaciones con signos representan las cosas y su sucesión, las operaciones más complejas traen como consecuencia la aparición de determinados objetos lingüísticos que expresan las características generales y universales de los objetos: «todos», «algunos», «ninguno», etc. Después aparecen signos como «es», «no es», «y», «o». Esto permite la aparición del sentido lógico, que expresa una relación de significados en la que está presente un sistema de reglas lógicas de necesidad que son tomadas del mundo material objetivo. Por lo tanto, estos signos (las constantes y operadores lógicos) carecen de un significado, a diferencia de otras palabras como «casa», «árbol», «hombre», que representan determinadas imágenes, inicialmente, y conceptos, con posterioridad.
De donde se puede deducir que el sentido constituye una determinada relación entre signos que poseen significado, con la ayuda de otros signos (los operadores y constantes lógicas), que no poseen significado. Esto no quiere decir que el sentido depende por entero de la combinación de signos sino que depende de cierta relación de significados en la que se manifiesta una necesidad objetiva. Así, pues, el sentido constituye una relación de significados entre objetos lingüísticos tomados en un determinado sistema de nexos lógicos de carácter necesario. El sentido lógico depende, entonces, de la presencia de nexos o leyes lógicas, que no coinciden con los nexos gramaticales o lingüísticos, aunque están ligados indisolublemente a ellos, en virtud de que constituyen la forma externa de expresión de los nexos lógicos. Por su contenido, el nexo lógico es un nexo obietivo de carácter necesario y general, expuesto de modo subjetivo. Y la forma subjetiva de carácter lógico en la que actúa la ley lógica no es el lenguaje, sino una forma interna de nexos lógicos que se denomina ley lógica. Así, por ejemplo, en la forma lógica más simple del pensamiento cotidiano, en el juicio, que está compuesto de tres miembros: el sujeto (S), la cópula (es) y el predicado (P), actúa la ley de identidad de forma triádica. Esto quiere decir que cada uno de los miembros es idéntico a sí mismo. La ley de exclusión de la contradicción actúa doblemente, en relación con S y con P. Por su parte, la ley del tercero excluído solo se manifiesta en relación con el juicio completo: «S es P». De donde se deriva que las formas lógicas y las leyes lógicas son específicas del pensamiento y de su movimiento y, por lo tanto, es erróneo aplicarlas a los objetos reales y a los signos aislados.
A partir de estas ideas, Kumpf y Orudzhev llegan a una definición general del concepto de forma lógica, a saber: «la forma del pensamiento consiste en un movimiento de representaciones, que se realiza por medio de signos (símbolos) a partir de un determinado esquema (la expresión "movimiento de representaciones, que se realiza por medio de signos (símbolos)" puede cambiarse, de acuerdo a lo expuesto con anterioridad, por la expresión: "movimiento de significados"). En dependencia del esquema de ese movimiento, las formas del pensamiento se subdividen en diferentes tipos: juicios, razonamientos, conceptos (en los niveles cotidiano y empírico del conocimiento) y conceptos, juicios, razonamientos (en el nivel teórico del conocimiento). El esquema está determinado por las constantes lógicas».[4]
En el caso del juicio es evidente que sus partes coinciden con un esquema, por lo que el juicio es una forma del pensamiento. Sin embargo, en el concepto es más difícil explicar cómo una palabra puede ser una forma del pensamiento, esto es, un esquema en el que se expresa el movimiento del pensamiento, porque la palabra por sí misma solo posee significado o un denotador que puede ser una representación-imagen o un objeto dado. Y ya se ha señalado que para que aparezcan las formas lógicas es necesario que los signos estén en determinada relación y que se puedan realizar operaciones con ellos, esto es, que estén dotados de significación y de sentido.
De este modo, un término o palabra adquiere las características de una forma del pensamiento cuando deviene un esquema que relaciona representaciones generales acerca de propiedades de las cosas entre sí y con la cosa misma, que es el denotador o referente de la palabra. Así, el concepto presupone la identidad en la diferencia. En este sentido el concepto de triángulo, por ejemplo, surgió solo cuando fueron establecidas algunas propiedades necesariamente vinculadas con él, de forma tal, que el concepto presupone la existencia de juicios que expresen la pertenencia de las propiedades a ese objeto, es decir, no simplemente un conjunto de juicios, sino una determinada interrelación de juicios que denominamos razonamiento. De ahí que para Kumpf y Orudzhev, en el nivel cotidiano y empírico del conocimiento, el movimiento de las formas del pensamiento se realiza a partir del esquema: juicios → razonamientos → conceptos.
Quiere esto decir que las leyes de la lógica no coinciden con las leyes gramaticales y a la vez no pueden existir al margen del lenguaje.
Las leyes lógicas se aplican a determinadas relaciones de significado (sentido lógico) que expresan relaciones de necesidad a partir de los operadores y constantes lógicos. Como se ha visto, estos operadores, a diferencia de los restantes signos o palabras, carecen de significado o de referente objetivo, es decir, no están en lugar de una cosa o imagen de una cosa, aunque expresan relaciones necesarias entre significados. Es por eso que con ellos surge el sentido lógico y, por lo tanto, el pensamiento y sus formas lógicas, en el que se fijan las relaciones necesarias y generales de la realidad.
De todo lo antes expuesto, Kumpf y Orudzhev llegan a las siguientes conclusiones:
Primero, el radio de acción de las leyes lógicas es la región de las relaciones de significados (sentido lógico), es decir, de determinadas relaciones de significados que poseen su fundamento, no en acuerdos y convenciones o en la estructura apriorística de la razón, sino en las relaciones necesarias y generales entre las cosas y fenómenos objetivos. De ahí que la estructura o leyes de la realidad objetiva y de la práctica social constituyan el fundamento de la estructura lógica del pensamiento.
Segundo, los objetos lingüísticos (operadores lógicos), que carecen de significados o referentes objetivos, es decir, que no poseen un denotador real y, por lo tanto, constituyen acuerdos y convenciones, se derivan siempre de los que poseen significación, y expresan nexos necesarios entre las cosas.
Tercero, el pensamiento se plasma en esquemas (conceptos, juicios, razonamientos) y no se reduce a palabras o a cúmulos de signos aislados. Así, el pensamiento se expresa en la estructura del juicio «S es P», pero no en «S» , o en «P» o en «es», por separado.
En este sentido, Kumpf y Orudzhev señalan acertadamente: «El pensamiento se manifiesta, por ejemplo, en el esquema S es P y no se constriñe ni a S, ni a "es", ni a P, ni a ninguna otra relación lingüística compleja, de igual forma que el capital se expresa en el esquema D-M-D' y no se reduce ni a D, ni a M, ni a D'. El capital no es posible sin la presencia de D (dinero), aunque otras formas de existencia: M (mercancía), los instrumentos de trabajo, etc. De forma análoga, también, el pensamiento es imposible sin los objetos lingüísticos, aun cuando existe en otras formas: en la actividad práctica del hombre, en los objetos creados por él.»[5]
El análisis lógico dialéctico de las formas del pensamiento tiene un carácter eminentemente filosófico. El enfoque filosófico de las formas del pensamiento radica en el estudio de su función cognoscitiva. Desde este punto de vista, las formas lógicas se conciben como modos de reflejo activo de la realidad por medio de abstracciones y generalizaciones. Toda forma o figura lógica constituye un eslabón en la trayectoria del pensamiento hacia la verdad objetiva, ya que en ellas se expresan los resultados del conocimiento anterior y, a la vez, sirven de medios para obtener nuevos conocimientos. En este sentido, las formas lógicas representan «puntos nodales» en los que los resultados de la actividad cognoscitiva aparecen organizados en una estructura determinada, esto es, vinculados orgánicamente entre sí. La estructura lógica del pensamiento no es inmutable, sino que varía y se enriquece en correspondencia con el nivel alcanzado por la práctica social y por el conocimiento humano.
Sin embargo, para llevar adelante el estudio filosófico-gnoseológico de las formas del pensamiento, la lógica dialéctica debe tomar en cuenta su contenido concreto cognoscitivo, que fundamenta la estructuración del pensamiento. Por su parte, la lógica formal se limita al estudio de los rasgos formales de la estructura del pensamiento y, por eso, se refiere exclusivamente al contenido formal del pensamiento, que se expresa en las leyes lógico-formales. Así, la lógica formal se propone una descripción y clasificación de las formas del pensamiento, atendiendo a su organización externa. Por ejemplo, la lógica formal estudia los rasgos formales de las formas del pensamiento (conceptos, juicios, razonamientos), en cualquier nivel del conocimiento, y hace abstracción del contenido concreto cognoscitivo que se expresa en ellos. Esto explica que al clasificar los tipos de juicios, la lógica formal se detenga solo en considerar el tipo de constante lógica que los caracteriza: juicios generales, a partir de la constante «todos», juicios particulares, a partir de la constante «algunos», juicios singulares, a partir de la constante «uno».
Pero el análisis del contenido formal de las formas del pensamiento no agota su contenido que, el ser mucho más amplio y rico, determina que ese contenido formal se comprenda solo como un aspecto o elemento subordinado del contenido concreto. Esto explica que la misión de la lógica dialéctica, como ciencia lógico-filosófica que estudia el pensamiento de modo integral, sea mucho más amplia y profunda. Así, a la lógica dialéctica le interesa determinar el lugar de las formas del pensamiento en el proceso de la asimilación del contenido objetivamente verídico en la reproducción de lo concreto pensado. Cada forma lógica cumple una determinada función, pero para conocer esa función es necesario determinar su lugar en el sistema de las formas del pensamiento que avanza hacia la verdad. De este modo, al margen del contenido concreto del sistema de las formas lógicas no puede plantearse la función gnoseológica que ellas desempeñan. Por lo tanto, el problema de la subordinación e interrelación sistémica de las formas del pensamiento tiene sentido a partir del examen del contenido concreto de las formas del pensamiento, que se desarrollan de lo abstracto a lo concreto pensado. Asimismo, la dialéctica específica del movimiento de las formas del pensamiento se esclarece cuando se toma en cuenta el hecho de que su contenido concreto está determinado, en el nivel teórico contemporáneo, por las leyes generales de la dialéctica.
El problema de la interrelación de las formas del pensamiento ha sido abordado a lo largo de la historia de la lógica, desde Aristóteles hasta nuestros días. Toda la lógica prekantiana partía del criterio de que el concepto constituye la forma básica del pensamiento. Este punto de vista se basa en el principio analítico de la descomposición del todo en sus partes constitutivas. De suerte tal que, para la lógica tradicional prekantiana, los juicios son elementos del razonamiento y los conceptos son, a su vez, los componentes de los juicios. El esquema de la interrelación de las formas del pensamiento se expresa entonces de la siguiente manera:
concepto → juicio → razonamiento
Este esquema representa un movimiento deductivo, donde el razonamiento, concebido como proceso deductivo, constituye el elemento central y más desarrollado y el concepto el elemento básico y menos desarrollado.
A partir de Kant este esquema se invierte, al considerarse el concepto no como el punto de partida del movimiento e interrelación de las formas del pensamiento, sino como su punto de llegada. Esta variación responde a que Kant reflexiona sobre la base de los conocimientos científicos de su época, e intenta fundamentar el proceso lógico de la producción de los conocimientos en la ciencia de su época, en especial, la física newtoniana. Las concepciones de Kant, por tanto, están enmarcadas en el período en que la ciencia empírica transita hacia niveles teóricos superiores, lo que explica que para este pensador la operación central no es el análisis deductivo, sino la síntesis integradora. Según el esquema kantiano, los juicios originan conceptos claros y los razonamientos engendran conceptos acabados, de donde el concepto constituye, no el punto de partida de la interrelación de las formas del pensamiento, sino el resultado de los juicios y los razonamientos. Así, para Kant el juicio constituye el acto a través del cual se forman los conceptos, pero el concepto acabado solo es posible a través de los razonamientos, que no son otra cosa que juicios mediados.
Hegel, por su parte, introduce una transformación en el análisis de la interrelación de las formas del pensamiento, que tiene su base en la concepción idealista absoluta de que el concepto constituye la esencia fundamental de la realidad. Así, este pensador parte de la dialéctica de lo singular, lo particular y lo universal para fundamentar movimiento dialéctico de las formas del pensamiento en su trayectoria hacia la verdad, que se manifiesta en el sistema teórico de esas formas, en la Idea Absoluta. Lo novedoso de la concepción hegeliana estriba, precisamente, en haber introducido la noción de desarrollo dialéctico en el movimiento de las formas del pensamiento, que avanzan de lo abstracto a lo concreto.
De acuerdo con Hegel, el concepto, el juicio y el razonamiento se diferencian entre sí por el modo en que en ellos se integran lo singular, lo particular y lo universal. Si en el concepto lo singular, lo particular y lo universal se dan integrados, en el juicio se desdoblan en virtud de su estructura; por su parte, en el razonamiento se retorna a la integridad, es decir, se reconstruye la unidad dialéctica de lo singular y lo universal. Así, el razonamiento no es más que el concepto totalmente desarrollado, porque el movimiento que va del juicio al razonamiento representa la argumentación y no solo la suposición de la unidad dialéctica entre lo singular, lo particular y lo universal. Esto permite a Hegel construir conceptos universales-concretos, enriquecidos sobre la base del movimiento que va del concepto al razonamiento a través del juicio. No obstante, el idealismo hegeliano introduce un esquema artificial y rígido en el movimiento dialéctico de las formas del pensamiento, que se expresa en un desarrollo unilateral, en una misma dirección, y que aspira a alcanzar un fin: el paso del concepto subjetivo al concepto objetivo.
A diferencia de la lógica tradicional, la lógica formal contemporánea no estudia ni analiza las formas del pensamiento, sino que estudia la estructura formal del pensamiento como nexos de elementos de un lenguaje formalizado y sus modos de organización. En este sentido, ella se refiere a las proposiciones, clases, predicados, implicación, conjunción, disyunción, etc. Por su parte, la lógica dialéctica marxista estudia las formas del pensamiento como modos de asimilación de la realidad en el conocimiento. En ello estriba el hecho de que a menudo se le designe con el nombre de lógica gnoseológica o lógica de contenido. Por eso, Kopnin considera justamente que:
«Las formas del pensamiento como modos de asimilar la realidad objetiva en el pensamiento es objeto de estudio de la lógica dialéctica, que, al incluir la experiencia de toda la lógica anterior, ofrece una interpretación de estas formas en correspondencia con los principios de la dialéctica, y de su comprensión del pensamiento como movimiento hacia la verdad objetiva.»[6]
Al estudiar las formas del pensamiento en estrecha unidad con su contenido concreto cognoscitivo, la lógica dialéctica no se propone descubrir formas lógicas específicas de carácter dialéctico. Las formas del pensamiento son las mismas para la lógica tradicional y para la lógica dialéctica. No obstante, la lógica dialéctica no se limita a una descripción analítica de las formas del pensamiento, sino que las estudia en forma sistémica, en su estructura de contenido o estructura categorial. En este sentido, la lógica dialéctica marxista descarta la idea de que existe una forma esencialísima del pensamiento y, por ello, rechaza como anticientífica la concepción de que existe una forma históricamente primaria y de que el pensamiento se mueve en un esquema unilateral. Y aun cuando tiene sentido el estudio de cada una de estas formas por separado, con el fin de dilucidar el papel que desempeñan en el proceso de la estructuración teórica del pensamiento, es importante destacar que el análisis lógico dialéctico parte de la unidad indisoluble de las formas del pensamiento y de su movimiento multilateral en el proceso de la asimilación práctico-espiritual de la realidad.
El problema de definir la forma del pensamiento que constituye su célula fundamental, es objeto hoy de diversos puntos de vista. Así, Kopnin considera que este problema constituye un aspecto fundamental de la lógica dialéctica, ya que ella muestra que el movimiento del pensamiento teórico se inicia por un elemento sencillo y general, que debe contener, en forma embrionaria, toda la multiplicidad y peculiaridades de lo complejo y desarrollado. Según este autor, una de las tareas centrales de la lógica dialéctica consiste en elucidar las diferentes formas y leyes que explican el proceso de aparición y desarrollo de las teorías. La lógica formal centra su investigación en el razonamiento como forma más madura del pensamiento. Sin embargo, esta concepción es limitada, ya que el razonamiento es solo un aspecto de la teoría y no su contenido esencial.
De este modo, para Kopnin el juicio constituye la célula fundamental del pensamiento teórico, en tanto que la teoría representa su forma más madura.
Para argumentar su concepción, Kopnin señala que el proceso del pensamiento comienza siempre cuando se separan algunas propiedades y caracteres del objeto o fenómeno, es decir, cuando se forman las primeras abstracciones. En este sentido, el juicio es la forma más simple que adopta la abstracción como rasgo distintivo del pensamiento. Y esto se expresa en los siguientes puntos: primero, no hay pensamiento sin acto atributivo y este se expresa en la estructura del juicio; segundo, cualquier abstracción contiene un juicio; y, tercero, todo sistema de conocimientos existe para otro hombre como un sistema de juicios. De ello se deriva que para Kopnin la teoría, como forma más madura del pensamiento teórico está constituida por un sistema de juicios agrupados en torno a un principio único sistematizador. Pero, además, solo el juicio puede enjuiciar el carácter verdadero o falso de la teoría, ya que solo él tiene la peculiaridad de establecer su correspondencia con el objeto. De este modo, según Kopnin, todas las formas del pensamiento deben enjuiciarse a partir del juicio, como célula fundamental del pensamiento, y a partir de la teoría científica, como forma más madura del pensamiento constituida por un sistema de juicios.
Por esta razón Kopnin polemiza con Alexeiev, quien en su obra La dialéctica de las formas del pensamiento,[7] sostiene la tesis de que el concepto constituye la forma superior del pensamiento, y además, precede históricamente a la formación del juicio y del razonamiento. Semejante punto de vista desconoce que las formas del pensamiento se formaron simultáneamente y si falta una de ellas es imposible explicar el proceso discursivo del pensamiento. Pero Kopnin opone, también, a esta tesis de la primacía del concepto, la idea de que todas las formas del pensamiento deben ser tratadas, a la vez, desde la perspectiva del juicio, por ser niveles en su trayectoria, y desde la perspectiva de la teoría, por ser elementos componentes de la construcción de ésta. En este sentido, Kopnin establece que el concepto es un juicio, cuyo predicado expresa lo universal. Por su parte, los razonamientos no son más que la forma de mediación de los juicios en el proceso de la adquisición de nuevos conocimientos, y con la ayuda del razonamiento se pasa de un juicio a otro.
La idea de Kopnin de que todas las formas del pensamiento deben analizarse desde la perspectiva de la teoría como forma más madura del pensamiento, tiene una importancia crucial para la lógica dialéctica, cuyo estudio de las formas del pensamiento responde a un criterio sistémico y dinámico. Así, por ejemplo Kopnin establece que: «Los conceptos son imprescindibles en el avance de nuestro pensamiento hacia la teoría científica ya que en ellos se concentra el conocimiento acerca de las diversas facetas esenciales del objeto. La teoría, como saber sintético de ese objeto, es imposible sin los conceptos». Y más adelante agrega: «En la construcción y el desarrollo de las teorías, el razonamiento argumenta los juicios y los conceptos que la integran, y constituye la vía por la que se pasa de una teoría a otra más perfecta.»[8]
La concepción que ofrece Orudzhev sobre la interrelación de las formas del pensamiento tiene puntos de contacto con la de Kopnin, pero se diferencia en aspectos centrales. Así, para este autor, cuando establece una diferencia entre el nivel empírico y el nivel teórico en el desarrollo del pensamiento, el problema de las formas del pensamiento y d e su interrelación dialéctica, analizado a partir de su función cognoscitiva, necesariamente introduce una complejidad mayor. Por esta razón, el movimiento del pensamiento tiene sus especificidades, atendiendo al nivel en que este se desarrolle. En el nivel empírico, el conocimiento va de de los juicios a los razonamientos y de estos a la formación de los conceptos y las teorías empíricas .
En cambio, en el nivel teórico el movimiento del pensamiento, que va de lo abstracto a lo concreto, no puede captarse en cada una de sus formas por separado. De este modo, para Orudzhev el concepto teórico no es anterior a otras formas del pensamiento, sino que coincide con la estructura y desarrollo de la teoría, en virtud de que el movimiento de los conceptos teóricos abarca la esencia en su totalidad y se concreta progresivamente mediante la introducción de los eslabones mediadores.
De este modo, para Orudzhev el problema de la formación y desarrollo de los conceptos teóricos constituye un problema central en el análisis del sistema teórico del pensamiento. Los conceptos se engendran y desarrollan en el proceso de la evolución de los sistemas teóricos, fuera de estos sistemas los conceptos pueden perder todo interés y valor. Esto significa que los conceptos no existen aislados sino que constituyen los componentes cruciales de las teorías. En el proceso de la evolución de los sistemas teóricos los conceptos ganan en profundidad, se hacen más ricos y concretos. Por lo tanto, los contenidos y el desarrollo de las teorías científicas se expresan de modo resumido en sus sistemas conceptuales.
Hoy día, no solo la lógica dialéctica, sino otras disciplinas metodológicas como la lógica de las ciencias, la lógica de la investigación científica y la historia de las ciencias, plantean la necesidad de estudiar la evolución de los conceptos y sus definiciones dentro de los marcos de las teorías científicas. Así, Mario Bunge, refutando la teoría tradicional aristotélica de la definición, señala:
«Nos hemos dado cuenta que la definición no es más que uno de los procedimientos, y sin duda mucho menos importante que la construcción de las teorías.
»Además hemos aprendido que el intento de definir todo concepto nos hace caer en circularidad, como muestran las definiciones de diccionarios y que el modo de evitar ese vicio en un contexto dado, consiste en empezar por admitir un conjunto de conceptos no-definidos (primitivos) que pueden aclararse mediante observaciones y ejemplos, pero, sobre todo, lo son por el papel que desempeñan en el sistema, y que sirve para definir los demás conceptos de dicho sistema.»[9]
Más adelante, Bunge agrega: «la dilucidación de los conceptos no se realiza en un vacío teorético: en la ciencia, las definiciones presuponen o implican leyes, y se construyen en el seno de los sistemas».[10]
Al establecer una diferenciación entre las formas del pensamiento en el nivel empírico y en el nivel teórico, Orudzhev considera que es necesario conocer la estructura y funciones de las formas más elementales del pensamiento (conceptos, juicios y razonamientos ), en las formas más maduras del pensamiento teórico, a saber; la idea, el problema, la hipótesis, los principios y las leyes y categorías. En este sentido, para Orudzhev los conceptos empíricos presuponen un determinado conjunto de juicios, esto es, un razonamiento o un conjunto de razonamientos. El concepto empírico, vinculado a las teorías empíricas, generaliza determinados vínculos e interrelaciones necesarias e inmediatas de carácter cuantitativo entre los fenómenos. Pero, no por ello, los conceptos empíricos se expresan en números o cifras. En cambio, en el concepto teórico se expresa la unidad mediada de conceptos empíricos y por su contenido constituye una ley. Así, por ejemplo, el contenido del concepto de valor es la ley del valor. Por otra parte el concepto teórico no puede deducirse directamente de la experiencia, como es el caso de los conceptos empíricos. Asimismo, el concepto teórico no puede deducirse sin eslabones mediadores, esto es, sin la presencia de conceptos derivados de la experiencia o de otras esferas del saber. Por último, los conceptos teóricos encuentran en los juicios teóricos su determinación, ya que en el juicio se expresan los nexos contenidos sintéticamente en los conceptos.
De igual forma, Orudzhev establece una diferencia entre juicios empíricos y juicios teóricos. El juicio empírico en su etapa de mayor madurez expresa un postulado científico, en el que se muestra la dependencia entre las propiedades necesarias de un objeto. Pero la especificidad de estas dependencias reside en su carácter cuantitativo. El juicio teórico es, en cambio, un juicio de nivel superior y se diferencia del juicio empírico en que, al igual que el concepto teórico, expresa nexos entre elementos contrarios u opuestos. Así, por tanto, el contenido del juicio teórico es una ley que encierra un nexo entre aspectos contradictorios. Pero los juicios teóricos están subordinados a los conceptos teóricos, y son portadores de ellos.
La lógica dialéctica al estudiar los razonamientos parte, también, del criterio de que en el proceso de la obtención de las verdades científicas, que aparecen en la estructuración y desarrollo de los sistemas de conocimientos denominados teorías científicas, las formas del pensamiento aisladas no son suficientes para obtener la verdad. De este modo, en el nivel teórico la inducción no actúa al margen de la deducción, sino que se integra a ella a través de la analogía, y da lugar a lo que se conoce como análisis teórico. En este procedimiento se combinan las formas del pensamiento, ya que es imposible reducir el análisis de nivel teórico a la inducción o a la deducción. El resultado del análisis teórico es desentrañar el nexo más simple y fundamental del objeto concreto y a partir de él, y mediante la deducción genética, elevarse a relaciones y nexos más concretos. Por lo tanto, el análisis teórico se caracteriza por llevar a cabo una reducción de los nexos más complejos del objeto investigado a la relación más simple y general, que actúa como fundamento de las restantes relaciones. Pero se trata de una reducción específica en la que no se pierde la particularidad del resto de los nexos complejos. En relación con el análisis empírico, el análisis teórico es concreto. Si en el análisis empírico se divide el todo en sus partes constitutivas, perdiéndose con ello la especificidad del objeto investigado, en el análisis teórico la contradicción entre los opuestos no se rompe. De este modo, el análisis teórico capta la relación más simple del objeto, entendida como la contradicción más abstracta y simple de las contradicciones que integran la esencia investigada.
Por último, es necesario dejar establecido que el análisis teórico se torna síntesis teórica, en la misma medida en que se extraen las formas más complejas de relación de las más simples. Y este proceso de transformación recíproca del análisis en síntesis, que caracteriza a la deducción genética, constituye la esencia del movimiento del pensamiento de nivel teórico, que va de lo abstracto a lo concreto. Con este movimiento del pensamiento de nivel teórico, como se ha visto, las formas del pensamiento no actúan aisladas, sino en sistema, esto es, en el contexto de una teoría.
En la literatura filosófica el concepto de teoría se emplea en dos sentidos:
En un sentido amplio, el concepto de teoría se utiliza como opuesto al de práctica. Y se entiende entonces por teoría, aquellas formas de actividad del hombre socialmente desarrollado, encaminadas a adquirir conocimientos sobre la realidad. En este sentido la teoría y la práctica conforman el conjunto de actividades transformadoras del sujeto social. Por oposición a la práctica (actividad material), la teoría es actividad ideal y se expresa en diferentes formas de conocimiento social altamente desarrollado y organizado. Como actividad ideal, la teoría media las restantes formas de actividad y de interrelación del hombre con la realidad, sirviendo de condición para lograr una transformación consecuente y auténticamente consciente de la realidad por el hombre socialmente determinado .
A la lógica dialéctica le interesa, en especial, el estudio de la teoría científica. El concepto de teoría científica es más estrecho que el concepto de actividad teórica. Se entiende por teoría científica la forma más madura y desarrollada del pensamiento lógico. Por su contenido la teoría científica capta la esencia multilateral de los fenómenos estudiados por las ciencias; por su forma ella expresa la estructura del pensamiento humano en diferentes etapas de su desarrollo. La teoría científica constituye una forma de conocimiento fidedigno y certero acerca de un determinado conjunto de fenómenos. La teoría científica, además, contiene un sistema de proposiciones y demostraciones, así como métodos de explicación y previsión acerca de los fenómenos que integran su región de estudio. En este sentido estrecho, el concepto de teoría se opone al de conocimiento empírico, en virtud del carácter lógico y generalizado de sus contenidos. La teoría científica se diferencia de otras formas de conocimiento porque dentro de sus límites es posible, no sólo el conocimiento integral de la esencia de los fenómenos y la previsión de nuevos fenómenos, sino, además, el tránsito de un contenido cognoscitivo a otro sin necesidad de dirigirse de modo directo a la experiencia sensible. En ello reside, en gran medida, la fuerza previsora de la teoría científica.
La teoría representa un sistema de conocimientos, por eso suele definirse como conocimiento en sistema o como expresión del carácter sistémico del desarrollo del conocimiento. En la teoría científica las restantes formas del pensamiento se integran formando un sistema dotado de una estructura específica y de leyes lógicas hacia nuevos conceptos. Toda teoría constituye una totalidad. Es por eso que sus leyes y conceptos se hallan integrados a partir de principios unificadores o sistematizadores.
La función de la teoría científica no consiste solamente en fijar o plasmar los conocimientos ya adquiridos en un sistema de saber, sino, además, ella constituye una vía de descubrimiento, un instrumento vivo de conocimiento de nuevas leyes y relaciones esenciales. Por lo tanto, la naturaleza heurística de las teorías científicas reside en que ella constituye la vía esencial en la ciencia contemporánea de explicación e interpretación de nuevos hechos y fenómenos.
Hoy en día ha perdido sentido la tesis según la cual el camino del conocimiento sigue una vía puramente inductiva: de los hechos a la elaboración de las teorías científicas. Semejante punto de vista desconoce que los hechos científicos constituyen elementos de la teoría científica y que la vía hacia el descubrimiento y explicación de los nuevos hechos se da en y a través de los contenidos de la teoría misma. Por ello es inexacta la definición de la teoría como simple generalización de hechos, sobre todo, en el nivel actual del desarrollo de las ciencias.
En la actualidad, se discute ampliamente acerca del objeto de estudio de la teoría científica. Existen posiciones muy diferentes, que van desde la afirmación de que el objeto de estudio de las teorías se reduce a un conjunto de signos y convenciones construidos por el investigador, y que nada tienen que ver con la realidad objetiva (posiciones nominalistas, positivistas, neopositivistas, neokantianas), hasta posiciones idealistas de corte realista que afirman que el objeto de estudio de las teorías son esencias absolutas que existen más allá de la conciencia individual del investigador. Estas posiciones, así como las posiciones de Carnap, para quien el objeto de estudio de las teorías científicas son los objetos no observables, no resisten la crítica. Es característico de todas estas posiciones, además de un punto de partida idealista y unilateral, confundir los conceptos de objeto y de objeto de estudio de la teoría. El concepto de objeto de la teoría se refiere a aquella esfera de la realidad que es reflejada objetivamente en los contenidos de la teoría científica, en tanto que el concepto de objeto de estudio se refiere a determinado sistema de leyes, conceptos e ideas a través de los cuales se expresa la esencia multilateral de la teoría científica. Quiere esto decir que el objeto de estudio de la teoría no es la realidad misma, sino un modelo lógico-conceptual que expresa las leyes y regularidades de las esencias de los fenómenos reales. Pero el objeto sobre el cual se construye ese objeto de estudio es la realidad, y esto es lo que garantiza el contenido objetivo de las proposiciones verdaderas que contiene todo sistema teórico.
Una vez esclarecido este punto, es fácil comprender los siguientes problemas:
1. Toda teoría tiene un carácter «constructivo» por cuanto se trata de un reflejo activo y creador sobre las esencias de los fenómenos. Estas esencias se captan a través de un sistema conceptual que es el resultado, no de la conciencia individual del investigador, sino de la historia de la práctica y del conocimiento humano.
2. Toda teoría tiene un carácter lógico y no se refiere de inmediato a la experiencia sensible. Sin embargo, eso no significa que la teoría sea una construcción lógica pura. Ella es el resultado de la experiencia, entendida como un proceso histórico-social. Su objeto de estudio se forma históricamente y en sus conceptos, leyes y categorías se plasman las experiencias humanas acumuladas a lo largo de las prácticas y del conocimiento social.
De modo tal que el objeto de estudio de la teoría científica es la esencia multilateral de los fenómenos y procesos de la realidad, captados a través de un sistema lógico-conceptual, resultado de la historia de los conocimientos humanos.
El análisis de la estructura formal de la teoría científica se refiere a los componentes estructurales de carácter abstracto. Este análisis, por lo general, permite destacar los siguientes elementos estructurales:
a) el fundamento empírico de la teoría, que incluye el conjunto de hechos fijados por el experimento y otros medios empíricos, y que han recibido alguna explicación pero que aún requieren de una fundamentación teórica;
b) el fundamento teórico, que se refiere al conjunto de postulados, tesis, axiomas y leyes de la teoría;
c) la lógica de la teoría o conjunto de reglas lógicas de conclusión y demostración de la teoría;
d) los efectos de la teoría, que poseen un volumen y una amplitud mayor que la propia teoría y que cumplen la función de conocimiento del cuerpo de la teoría, aplicado a nuevos hechos y proposiciones con su demostración, etcétera.
A la lógica dialéctica le interesa el estudio de la estructura de contenido o estructura categorial de las teorías científicas. El análisis de la estructura categorial de la teoría científica expresa no solo la lógica interna de la teoría, sino su dinámica, y a través de ellas la esencia multilateral del fenómeno estudiado. La particularidad del análisis de la estructura categorial, a diferencia del análisis formal, reside en que hace un estudio de los componentes lógicos del cuerpo de la teoría científica, teniendo en cuenta de modo riguroso el proceso o desarrollo del conocimiento (investigación y demostración de la esencia concreta del fenómeno estudiado).
De forma tal que al develar la estructura categorial de las teorías científicas se reproduce la lógica del objeto investigado, así como la lógica del proceso del conocimiento del objeto estudiado. La exposición de los elementos estructurales de contenido sigue una secuencia rigurosa: del problema científico, a la idea teórica y a la hipótesis, y de estos a los principios y a las categorías centrales y culminantes de la teoría científica. Este orden riguroso responde a la exigencia del principio rector de la lógica dialéctica: estudiar el sistema de las formas del pensamiento teórico en consonancia con su contenido concreto.
El análisis de la investigación científica, entendida como un proceso, plantea la necesidad de concebir la teoría en su formación y desarrollo. Por lo que la pregunta acerca del principio o punto de partida de la construcción de la teoría científica se hace inevitable. La gnoseología marxista-leninista establece que la práctica constituye no solamente el criterio de la veracidad de nuestros conocimientos, sino su punto de partida y su fin u objetivo. El conocimiento humano no es un fin en sí mismo, sino un medio para la actividad práctica transformadora de los hombres. La práctica social constituye el objetivo del conocimiento. Por otra parte, son las necesidades de la práctica social las que impulsan el desarrollo de la ciencia. Pero la lógica dialéctica y la metodología del conocimiento científico se plantean el problema de la búsqueda de un elemento lógico que constituya el punto de partida de la construcción de las teorías científicas y que exprese, en última instancia, los imperativos o necesidades de la práctica social. De modo tal que la práctica condiciona objetivamente el desarrollo del conocimiento científico, poco de por sí ella no constituye un elemento del conocimiento humano sino un factor «externo» que actúa sobre él.
Es necesario, por tanto, hallar un elemento del propio conocimiento humano que actúe como punto de partida de la investigación científica. Existen criterios que sustentan que los hechos constituyen el punto de partida de la investigación científica. Según esta concepción el desarrollo del conocimiento teórico se manifiesta de la siguiente manera: primero el investigador descubre los hechos y, posteriormente los generaliza en una teoría o sistema conceptual. Este punto de vista argumenta su posición señalando que los sistemas teóricos se transforman, sufren profundos ajustes y hasta llegan a echarse abajo; los hechos, por el contrario, se conservan, son «obstinados» y no pueden ignorarse. Los partidarios de semejante punto de vista consideran que la fuerza del hecho estriba en que diferentes teorías pueden constituirse sobre la base de hechos idénticos. Sin embargo, si nos detenemos en un análisis más profundo veremos que esta circunstancia lejos de expresar la fuerza y solidez de los hechos, nos muestra su debilidad. ¿En qué radica esta?
Por un lado, es necesario dejar establecido que el descubrimiento de los hechos es posible solamente si el científico parte de determinada concepción o postulado teórico, que sirva de orientación para la búsqueda de nuevos datos o acontecimientos. Por otro lado, es cierto que hechos similares son interpretados de modo diferente en teorías científicas diversas, pero esto, lejos de hablar a favor de la solidez del hecho, nos indica su carácter abstracto. El hecho como tal, al margen de un sistema teórico, no posee sentido ni significación. El contenido y el valor cognoscitivo de los hechos científicos provienen del sistema teórico en los que ellos aparecen, al responder, fundamentar o refutar determinado punto de vista o problema científico.
De modo tal que el hecho no puede ser el elemento lógico que buscamos. Por cuanto el descubrimiento y el sentido del hecho científico depende de un postulado científico, del sistema teórico o de las concepciones de las que parta el investigador. La historia de las ciencias atestigua que el movimiento del conocimiento científico no va del hecho puro a las teorías, sino que los hechos se descubren y fundamentan en y a partir de los sistemas teóricos, y la selección de los hechos no constituye un fin de la investigación, sino un medio para resolver tareas o problemas concretos. El hecho es, entonces, el fundamento que busca el investigador para comprobar, refutar o desarrollar sus puntos de vista teóricos. Y al seleccionar un hecho, el científico parte ya de un criterio selectivo. Su búsqueda está dirigida y mediada por determinados criterios.
Entonces, el punto de partida de la investigación científica debe ser solo aquel aspecto del conocimiento que sea a la vez un elemento de la propia investigación científica y que exprese las necesidades prácticas que determinan la búsqueda de nuevos resultado, como demuestra Kopnin en sus obras.
Y estas particularidades las posee exclusivamente el problema científico, que constituye no solo un elemento vivo del conocimiento científico, sino el punto de partida de la construcción de los sistemas teóricos.
¿Cómo definir el problema científico? En su forma más general debe entenderse por problema científico «el conocimiento de lo desconocido» esto es, algo desconocido y que debe conocerse. Este carácter imperativo, es decir, este «debe ser» del problema científico es lo que dirige y orienta la investigación. Ahora bien, esta definición es aún muy abstracta porque no hay prácticamente nada que no sea desconocido y que a la vez no deba ser conocido. Pero no todo lo desconocido actúa como problema. No se trata de cualquier aspecto desconocido y que el científico deba conocer. Lo desconocido o lo que debe ser conocido actúa como problema a partir de determinadas condiciones planteadas por el propio saber ya adquirido. Quiere esto decir, que el problema surge lógicamente del saber ya obtenido, como efecto lógico del mismo; y constituye la expresión de ciertas contradicciones en los límites del propio conocimiento (contradicciones entre una teoría y nuevos hechos descubiertos que no pueden ser explicados por esa teoría, o entre dos teorías opuestas).
El problema científico se manifiesta en un sistema de juicios-pregunta en el que se encuentra lo desconocido. Esto no significa que el problema pueda reducirse a una simple pregunta que surja espontáneamente o como consecuencia de la admiración ante un nuevo hecho o fenómeno. En el problema científico se sintetizan elementos del conocimiento precedente, que actúan como premisa del planteamiento de aquello que es desconocido y debe ser conocido.
Es importante destacar el carácter sintético del problema científico. En el nivel teórico del conocimiento, el problema, además, constituye una antinomia en la que se expresan los límites o fronteras del objeto de estudio de la teoría científica. Esto indica el valor cognoscitivo del problema científico. Su función de principio rector en el curso de la investigación científica adquiere una mayor relevancia en las ciencias teóricas.
El problema se forma históricamente y su solución implica la construcción de un sistema teórico. La primera respuesta al problema científico aparece cuando se construye la idea o fundamento teórico general, que rige todo el proceso del desarrollo de la teoría.
La idea científica ocupa un lugar muy especial entre los elementos lógicos de la estructura de la teoría. En la idea se funden dos aspectos del conocimiento, orgánicamente vinculados y que son necesarios para la ciencia: el reflejo objetivo y la creación de formas de asimilación y transformación de la realidad. Es por ello que la idea actúa como «un ideal gnoseológico» hacia el cual tiende el saber científico, y es la síntesis de estos dos aspectos: subjetivo y objetivo. De ahí que Kopnin señale que en la idea lo objetivo se eleva hasta el nivel de fin y tendencia subjetivos. A su vez, en la idea los fines y objetivos del hombre adquieren un carácter objetivo, cuando el hombre materializa sus capacidades y esquemas; porque la idea se realiza no solo en la actividad teórica sino en la práctica.
La idea científica es históricamente transitoria. En ella se expresan las necesidades sociales y cognoscitivas de una época dada. En la construcción de la teoría científica la idea cumple una función sintetizadora especial. Al dar respuesta inicial al problema científico, ella conforma «el programa de la teoría científica». En este sentido, la idea tiene un carácter progresivo en tanto expresa, de manera general, la dirección del curso de la investigación. Por otra parte, la idea constituye un movimiento regresivo en tanto el investigador «retorna» de los hechos o datos empíricos hacia su fundamento teórico general, reduciendo todas las formas particulares y complejas a su fundamento más simple. Por eso, la idea que se halla en la base de cada teoría no está solamente vinculada al problema científico. Ella constituye el movimiento de los hechos empíricos al fundamento inicial de la teoría.
La esencia de la idea reside en que ella establece de manera general el nexo entre los miembros de la antonimia que conforma el problema. Es por eso que desde inicio la idea posee un carácter sintético y es el resultado del análisis teórico de los hechos, y de conceptos y problemas ya establecidos. Esto puede ilustrarse con el ejemplo conocido de El Capital de Marx, donde el análisis teórico conduce del concepto de ganancia (empíricamente dado), al concepto de plusvalía. También el segundo principio de la termodinámica se obtuvo como resultado de la generalización y del análisis de los datos empíricos, vinculados con los efectos de las máquinas de vapor y otros fenómenos termodinámicos.
La función específica de la idea, entonces, es la de servir de principio unificador, de fundamento inicial de los múltiples conceptos que conforman la teoría. Por otra parte, la idea se reproduce en cada concepto y ley de la teoría científica. Pero en ellos la idea aparece como fundamento simple, que se manifiesta en relaciones y nexos de mayor concreción. Y para desempeñar esta función lógica específica dentro de la teoría, la idea, por su contenido, debe expresar «la relación sustancial» de la esencia del objeto. El fundamento sustancial permitirá comprender el carácter interno de la unidad de contrarios recogida en el problema científico y que, como se ha visto, establece los límites extremos de toda la región de estudio de la teoría científica. Es por ello que la idea está presente en todos los elementos de la teoría y sirve de principio rector de la construcción de la misma. Sin este principio sustancial es imposible analizar el material empírico sustancial en determinado orden y a partir de cierto criterio teórico. Y, además, si se desconoce el fundamento sustancial que contiene la idea es imposible elaborar el sistema de principios que conforman la categoría inicial de la teoría.
Una vez analizado el tránsito del problema a la idea de la teoría, es preciso definir el concepto de hipótesis científica y exponer su papel dentro de la teoría. Al igual que el problema y la idea, la hipótesis constituye un elemento lógico-gnoseológico del conocimiento científico. Ella es una forma de saber de la teoría científica; y como tal incide en el desarrollo de las ciencias. El positivismo y otras formas del empirismo contemporáneo reducen o ignoran el valor de la hipótesis en la construcción del conocimiento científico. Ya que estas corrientes conciben o reducen el conocimiento humano a un simple proceso de descripción. La historia de las ciencias atestigua la importante función que las hipótesis científicas desempeñan como motor impulsor del conocimiento humano. La lógica define la hipótesis como un sistema de juicios o razonamientos de índole problemática. Sin embargo, esta definición es incompleta ya que la inducción y la analogía poseen esta forma especial del desarrollo del conocimiento, que esta construida sobre la base de un sistema de proposiciones-problemáticas o juicios-suposiciones.
En la hipótesis el juicio-suposición constituye el núcleo central del sistema de juicios que la componen. En tanto que en la teoría científica, donde existen proposiciones problemáticas, jamás la suposición puede ser el núcleo de la misma. El resto de los juicios que integra la hipótesis, bien se argumentan, bien se deducen de la suposición, que actúa entonces como epicentro de esta forma de conocimiento. Pero la hipótesis no se reduce a la suposición, sino que consiste en un sistema de conocimiento en el que se integra lo ya conocido con lo nuevo que se busca. De ahí el valor heurístico de la misma.
Y de este modo, es la suposición la que vincula un conocimiento con otro. El fundamento de la hipótesis es un conocimiento fidedigno. Esto hace que los conocimientos problemáticos que la conforman tengan un valor cognoscitivo o posean una probabilidad de certeza, y no se reduzcan a simples conjeturas casuales sin fundamentación teórica. La idea existe en la hipótesis en forma de suposición. Se trata de una idea nueva o «insólita», de «ideas locas». Esto nos permite señalar que, a diferencia de otras formas de conocimiento, la hipótesis se caracteriza no tanto por lo que en ella se refleja, sino por el modo en que se refleja.
Es necesario destacar la especificidad del tipo de suposición que constituye la hipótesis. En el conocimiento científico existen diversas formas de suposición. Así, Kopnin destaca cuatro formas de suposición y entre ellas subraya el valor de la hipótesis-suposición, cuyo objetivo particular consiste en demostrar lo supuesto. Por lo tanto, la hipótesis sirve de instrumento para conocer la esencia del objeto, ya que en el curso de su argumentación y desarrollo, el conocimiento contenido en ella pasa de problemático a demostrado. La hipótesis sirve para hacer progresar el conocimiento científico. Su génesis, como se ha visto, se halla en el problema científico. Y el tránsito del problema a la hipótesis, al igual que de ésta a su demostración teórica, debe concebirse como un salto cualitativo en el camino del conocimiento científico.
Hoy en día el problema del desarrollo de las teorías y de las revoluciones científicas es objeto de una especial atención por parte de especialistas marxistas y no marxistas. El problema del desarrollo de las teorías, enfocadas desde un punto de vista estrictamente lógico, plantea la necesidad de responder no solo a la estructura estática de la teoría, sino a la dinámica o a las leyes de desarrollo de la misma. La concepción de la estructura categorial o de contenido de la teoría científica de Orudzhev y Kumpf constituye un esfuerzo significativo en el planteamiento adecuado y solución del problema analizado. Para estos autores la teoría científica está conformada por un conjunto de principios iniciales (categoría inicial), de principios o categorías centrales y de categorías culminantes. Esta estructura expresa el movimiento del fenómeno a la esencia y de ésta al fenómeno, de nuevo.
La categoría inicial actúa como principio o punto de partida de la construcción teórica, en la que se devela la reclamación sustancial a partir de la cual se deducen los nexos más complejos y concretos, que nos llevan hasta la estructura esencial del objeto estudiado (categoría central). Esta última expresa la especificidad de la nueva teoría científica, y a partir de ella es que se puede llegar hasta los efectos de la teoría científica, donde se captan, a través de las categorías culminantes, el nexo contradictorio entre la esencia y sus múltiples manifestaciones fenoménicas. De modo tal que esta concepción aúna el proceso de estructuración lógica de la teoría con el de su desarrollo y definitiva demostración.
- ↑ V. I. Lenin: Cuadernos filosóficos, Editora Política, La Habana, 1964, p. 209.
- ↑ Ibídem, p. 176.
- ↑ F. Kumpf y Z. M. Orudzhev: Lógica dialéctica: principios y problemas fundamentales, Editorial de Literatura Política, Moscú, 1971, p. 120. (En ruso.)
- ↑ Ibídem, p. 157.
- ↑ Ibídem, p. 163.
- ↑ P. V. Kopnin: Las ideas filosóficas de V. I. Lenin y la lógica, Editorial Nauka, Moscú, 1969, pp. 212-213. (En ruso.)
- ↑ M. N. Alexeiev: La dialéctica de las formas del pensamiento (En ruso.)
- ↑ P. V. Kopnin: Ob. cit., p. 221.
- ↑ M. Bunge: La investigación científica, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1972, p. 137.
- ↑ Ibídem, p. 148.