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Mercancia

De ProleWiki, la enciclopedia proletaria

Una mercancía es un bien o servicio producido para el intercambio.[1] En el modo de producción capitalista, la mayor parte de la riqueza producida y poseída por los seres humanos se manifiesta bajo la forma de mercancías.[2]

Valor de uso y valor de cambio[editar | editar código]

Toda mercancía posee simultáneamente un valor de uso y un valor de cambio.

  • El valor de uso o utilidad es la propiedad de una mercancía de satisfacer necesidades humanas concretas (alimento, abrigo, ocio, espiritualidad, etc) y que depende de las propiedades físicas y químicas de las mismas.[3]
  • El valor de cambio o valor es la magnitud por la cual una mercancía puede comprar a otra de distinta utilidad en el mercado. Esta magnitud existe porque todas las mercancías comparten una propiedad, a saber, la de ser productos del trabajo humano.

Además, todas las mercancías son productos del trabajo humano en mayor o menor medida. Este trabajo presenta una naturaleza dual semejante a la que hemos descrito.

  • Trabajo útil: es el trabajo concreto que le imprime su utilidad a un producto cualquiera. A modo de ejemplo: el afilador de cuchillos desempeña un trabajo útil que le da al cuchillo la propiedad de cortar alimentos.
  • Trabajo abstracto: es el trabajo, ya no de uno u otro individuo que desempeña una u otra profesión, sino considerado independientemente de cualquiera de las transformaciones concretas que éste le imprime a su producto, así como de las necesidades que éste pudiera satisfacer por haber adquirido tales cualidades. Cuando se considera el trabajo abstracto objetivado en dos mercancías cualesquiera, se observa que estos dos trabajos son sólo comparables en cuanto al tiempo que le tomó a estos trabajos producir ambas mercancías.

Como consecuencia de esta distinción, hallamos que dos trabajos cualesquiera pueden ser comparados en función del tiempo que tardan en producir determinada cantidad de mercancías, y es esto lo que las hace comparables y por lo tanto intercambiables en el mercado. Ahora bien, bajo un régimen de producción mercantil puede haber varias unidades económicas produciendo un mismo bien y lo razonable es que los tiempos de trabajo de una y otra no sean completamente iguales, pero sin embargo, los precios de la mayoría de productos (por lo menos, los de consumo masivo) tienden a ser parecidos. Entonces, no es el tiempo de trabajo de una u otra mercancía el que determina su valor, sino el tiempo de trabajo socialmente necesario encarnado por ésta, que constituye una abstracción con respecto a los tiempos de trabajo individuales de los productores individuales, un estándar o promedio.

Lo que hace posible que el valor de una mercancía sea igual al tiempo de trabajo socialmente necesario es la competencia, que obliga a las empresas a fijar sus precios a niveles más o menos parecidos para poder "sobrevivir".

Características de una mercancía[editar | editar código]

  1. Es producto del trabajo humano (tiene valor).
  2. Satisface alguna necesidad (tiene valor de uso).
  3. No satisface la necesidad de quien la produce, sino la de alguien más (el productor enajena su valor de uso).
  4. Dicha transferencia forma parte del intercambio de una mercancía por otra de igual valor (el productor realiza su valor de cambio).

¿Qué cosas no son mercancías?[editar | editar código]

A continuación, algunos ejemplos:

  1. El aire (no posee ninguna cuota de trabajo objetivado en él).
  2. Un aire acondicionado en la Antártida (no es útil para la satisfacción de ninguna necesidad).
  3. Un kilogramo de papas producido por una familia campesina para su propia subsistencia (en este caso no se enajena ningún valor de uso, ya que los mismos productores consumen el bien producido en vez de intercambiarlo por otro).
  4. Una tonelada de cebada que produce una familia para pagarle tributo a un señor feudal (sus productores no reciben nada a cambio y por lo tanto no realizan el valor de cambio de su producto).

En resumen, toda mercancía es un valor de uso (y por lo tanto un bien económico) pero no todo valor de uso es, del mismo modo, una mercancía.

El intercambio[editar | editar código]

Para que hayan mercancías tienen que existir primero al menos dos individuos reconocidos como propietarios privados susceptibles de relacionarse económicamente en forma voluntaria. El intercambio responde al hecho de que cada poseedor de mercancías espera enajenarlas y obtener otra cuyo valor de uso se adecúe a sus necesidades.[4] Al poseedor de mercancías le interesa realizar el valor de cambio de las mismas justamente porque puede prescindir de ellas; desea apoderarse de la mercancía que está en manos de otro, renunciando él a la suya.

El desarrollo de los mercados y el acuerdo mutuo de la población (típicamente impulsado por el gobierno) lleva a la asignación de una mercancía como equivalente general de todas las demás, convirtiéndose ésta en dinero. Su función es la de medir simultáneamente los trabajos que encarnan todas las mercancías.

El origen histórico de los mercados[editar | editar código]

La existencia de los mercados es producto de una división social del trabajo más desarrollada que la propia de las familias y las comunidades más primitivas. Ésta comienza con la relación entre múltiples familias que producen bienes, ya no sólo para la satisfacción de sus necesidades, sino para volcarlos en el intercambio. En este caso, las familias producen una cantidad de bienes mayor que la necesaria para satisfacer sus propias necesidades: producen un excedente. Ese excedente, inútil, superfluo o prescindible para sus productores puede ser intercambiado en el mercado para obtener bienes que sí les resulten útiles.

El intercambio de mercancías ha existido durante gran parte de la historia de la humanidad, ya sea en su forma más primitiva, el trueque, o en su forma dineraria más sofisticada. Sin embargo, los mercados, en el pasado, ocupaban un lugar secundario en la vida de las personas. Esto es así porque no se intercambiaba más que el excedente de la producción, lo superfluo. Sólo hace relativamente muy poco tiempo la gente empezó a percibir la totalidad o la mayor parte de sus ingresos como mercancías.[5] Los trabajadores cobran un salario, los empresarios adquieren ganancias, e incluso los impuestos y los subsidios del Estado se perciben en la forma de dinero dispuesto para ser rápidamente intercambiado por mercancías. Esto significa que el mercado ha cobrado una importancia sin precedentes en la vida de las personas.

Pensemos en el ejemplo de un productor frutihortícola y un artesano que fabrica muebles: el primero no puede consumir ni conservar la totalidad de lo que cosecha y el segundo no necesita tantos muebles. Asimismo, uno no sabe nada de carpintería y el otro no sabe nada de agricultura ni tiene una parcela para cultivarla. De este modo, las dos partes están igualmente interesadas en intercambiar los productos de su trabajo. En este caso, el campesino usará una parte de sus cosechas para alimentarse y sólo venderá la producción sobrante para poder comprarse un mueble, no obstante, la sociedad actual ha ido mucho más allá de este primer ejemplo: pensemos ahora en un obrero rural que trabaja en tierras arrendadas por una empresa capitalista moderna.

El fetichismo de la mercancía[editar | editar código]

La economía de mercado se caracteriza por la convivencia de múltiples unidades productivas que son mutuamente independientes y producen bienes para el intercambio, lo cual supone una falta de planificación que antes no existía, por ejemplo, en el ámbito de la economía familiar campesina o de las relaciones de servidumbre por las cuales los siervos trabajaban para la nobleza.

Ahora bien, como unidades privadas e independientes, los productores vuelcan sus mercancías al intercambio con dos expectativas: 1) que las mismas sean útiles y 2) que su precio les permita competir y no caer en el intento. Pero estas dos cosas sólo pueden conocerse una vez que las mercancías han sido arrojadas al mercado, no antes, por lo que es imposible saber de antemano qué bienes conviene fabricar y a qué precio venderlos.

Como resultado de esta opacidad, inherente a cualquier mercado, las empresas son víctimas de lo que Marx denominó "fetichismo de la mercancía" (o fetichismo, a secas); porque está obligado a actuar como si las mercancías que compra y vende fueran cosas y no relaciones sociales que vinculan a los humanos.[6] El valor y la utilidad aparecen así como atributos inherentes a los bienes y hasta inmutables, ignorando que lo que es útil un día, al día siguiente puede dejar de serlo y que el tiempo de trabajo socialmente necesario no es algo que dependa del productor individual y por lo tanto el valor de las mercancías que produce no lo pone él.

Este fenómeno no desaparece con el desarrollo de la ciencia económica, ni del marketing, puesto que es una condición necesaria de la producción y circulación de mercancías y, por lo tanto, no se la puede eliminar dentro del normal funcionamiento de los mercados.[7]

Superación de la producción de mercancías por la planificación económica[editar | editar código]

El capitalismo estimuló un desarrollo sin precedentes de los mercados, que al mismo tiempo llevó la división social del trabajo mucho más allá de lo que era posible en una economía feudal o campesina, pero la anarquía del mercado torna opacas las relaciones sociales y favorece consecuentemente una permanente incertidumbre que lleva a crisis económicas y burbujas financieras. Pero en cuanto los trabajadores consigan apropiarse colectivamente de los medios de producción, la división del trabajo ya no se manifestará en la existencia de múltiples unidades productivas privadas que en algunos casos compiten entre sí, sino que responderá directamente a las necesidades sociales, haciendo transparentes las relaciones que median entre los trabajadores.

Algunos comunistas han hecho una lectura según la cual Marx identifica al capitalismo con la producción de mercancías, lo cual es falso, aunque ciertamente el capitalismo estimula un desarrollo sin precedentes de los mercados, ya que la producción de mercancías, como tal, no supone la separación entre productores y medios de producción. Esta interpretación usualmente se emplea para desacreditar a la Unión Soviética o a República Popular China como capitalismos de Estado (en un sentido peyorativo) pero omite que ambos han tenido un punto de partida muy desfavorable con respecto a los países capitalistas avanzados.

El lugar de la mercancía en la teoría de Marx[editar | editar código]

El análisis de la mercancía constituye el punto de partida para el análisis del capitalismo. Esto es así porque, para comprender sus particularidades históricas hay que comprender cómo se presenta históricamente la riqueza en ese momento. Otros economistas, como los austríacos o los neoclásicos, hablan simplemente de bienes y servicios, y esta diferencia no es inocente, puesto que la idea de bien es mucho más amplia; Un bien constituye un valor de uso y existe allí donde haya seres humanos con necesidades, pero la producción generalizada de mercancías sólo se da como resultado de una extendida división social del trabajo, que históricamente ha aparecido a la par del desarrollo capitalista.

En esta sutil distinción se hace evidente la concepción ahistórica y presocial de la riqueza y de la economía como tal que tienen los marginalistas. Así, pretenden deducir las leyes que rigen el funcionamiento del mercado a partir de la conducta del individuo aislado, incluso en situaciones estrambóticas y completamente ajenas a la producción de mercancías o a la producción en general.[8] Marx, por otro lado, no pretendió que su teoría fuera aplicable a todo tipo de fenómeno económico en cualquier lugar y momento, sino que pudiera captar las leyes específicas que rigen a la sociedad capitalista y es por esto que, desde este punto de vista, resulta claro que el mercado no es una institución "natural", al estilo de lo que muchos economistas pretenden que sea.

Véase también[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

  1. “Sólo los productos de trabajos privados autónomos, recíprocamente independientes, se enfrentan entre sí como mercancías.”

    Karl Marx (1867). 'La mercancía: Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia del valor, magnitud del valor)' en El capital - Volumen 1 (p. 52). México: Siglo XXI Editores.

  2. “La riqueza de las sociedades en las que predomina el modo de producción capitalista se presenta como "un enorme cúmulo de mercancías", y la mercancía individual como forma elemental de esa riqueza.”

    Karl Marx (1867). 'La mercancía: Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia del valor, magnitud del valor)' en El capital (p. 43). México: Siglo XXI Editores.

  3. “La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso. Pero esa utilidad no flota por los aires. Está condicionada por las propiedades del cuerpo de la mercancía y no existe al margen de ellas. El cuerpo mismo de la mercancía, tal como el hierro, trigo, diamante, etc., es pues un valor de uso o un bien. Este carácter suyo no depende de que la apropiación de sus propiedades útiles cueste al hombre mucho o poco trabajo. (...) El valor de uso se efectiviza únicamente en el uso o el consumo.”

    Karl Marx (1867). 'La mercancía: Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia del valor, magnitud del valor)' en El capital - Volumen 1 (p. 44). Siglo XXI Editores.

  4. “Todas las mercancías son no-valores-de-uso para sus poseedores, valores de uso para sus no-poseedores. Por eso tienen todas que cambiar de dueño.”

    Karl Marx (1867). 'El proceso de intercambio' en El capital - Volumen 1 (p. 105). México: Siglo XXI Editores.

  5. “Hubo un tiempo, como la Edad Media, en el que no se cambiaba otra cosa que lo superficial, el excedente de la producción destinada al consumo.

    Llegó entonces otra era en la que ya no sólo lo superfluo, sino toda la producción, toda la existencia industrial debía pasar por el comercio, donde la producción entera dependía ya del intercambio.

    Finalmente, llegamos a la era en la que todo lo que los hombres han entendido alguna vez como inalienable devino objeto de cambio, de comercio y susceptible de ser alienado.”

    Karl Marx (2010 [1847]). 'Un descubrimiento científico: Oposición entre el valor de uso y el valor de cambio' en La miseria de la filosofía (p. 21). Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras. [MIA]

  6. “Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores.”

    Karl Marx (1867). 'La mercancía: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto' en El capital - Volumen 1 (p. 88). México: Siglo XXI Editores.

  7. “El descubrimiento científico ulterior de que los productos del trabajo, en la medida en que son valores, constituyen meras expresiones, con el carácter de cosas, del trabajo humano empleado en su producción, inaugura una época en la historia de la evolución humana, pero en modo alguno desvanece la apariencia de objetividad que envuelve a los atributos sociales del trabajo. Un hecho que sólo tiene vigencia para esa forma de producción, para la producción de mercancías -a saber, que el carácter específicamente social de los trabajos privados independientes consiste en su igualdad en cuanto trabajo humano y asume la forma del carácter de valor en los productos del trabajo-, tanto antes como después de aquel descubrimiento se presenta como igualmente definitivo ante quienes están inmersos en las relaciones de la producción de mercancías, así como la descomposición del aire en sus elementos por parte de la ciencia, deja incambiada la forma del aire en cuanto forma de un cuerpo físico.”

    Karl Marx (1867). 'La mercancía: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto' en El capital (p. 91). México: Siglo XXI Editores.

  8. “Aquí, el punto de partida del análisis no es un miembro particular de una sociedad dada en sus relaciones sociales con sus semejantes, sino el "átomo" aislado, el Robinson económico. Es con este espíritu que Böhm-Bawerk elige los ejemplos para exponer sus puntos de vista Un hombre se encuentra cerca de una fuente de la que surge una excelente agua potable en abundancia"; así comienza el análisis de la teoría del valor de Böhm-Bawerk. Después hace desfilar: un viajero en el desierto, un agricultor aislado de todo el mundo, un colono "en su cabaña perdida en el medio de la selva virgen", etc. Menger utiliza el mismo tipo de ejemplos: "Los habitantes de una selva virgen", "los habitantes de un oasis", "un hombre miope en una isla desierta", "un agricultor que trabaja solo", etcétera.”

    Nikolai Bujarin (1974 [1927]). 'Los fundamentos metodológicos de la teoría de la utilidad marginal y del marxismo: Objetivismo y subjetivismo en economía' en La economía política del rentista (Crítica de la economía marginalista) (p. 44). [PDF] Córdoba: Pasado y Presente. [MIA]